Last.fm

Nos encontramos ante la verdadera revelación en el mundo de los sistemas de recomendación musical. Una solución que cuenta con detalles sobresalientes.

20 noviembre 2006

Las redes sociales son el pilar de un sistema de recomendación excepcional. Aun cuando muchos presumen de que sus sistemas y algoritmos son los más eficientes, es evidente que las posibilidades de las redes sociales demuestran todo su potencial en este desarrollo. Poco se le puede echar en cara a una solución que cuenta con detalles sobresalientes.
La verdadera expresión de Last.fm nació con el fichaje de un proyecto llamado Audioscrobbler. Mientras que el primero se concibió como un mero servicio de radio on-line vía streaming, el segundo permitía recolectar información sobre la música que cada usuario escuchaba en el ordenador. La unión hizo la fuerza, y la combinación de ambas ideas ha terminado por definir los pilares de un servicio que es ahora una de las máximas referencias en los sistemas de recomendación musicales.Las comparaciones son odiosas, pero lo cierto es que en muchos sentidos las funcionalidades que ofrecen MyStrands y Last.fm son muy similares. Ambos proyectos sitúan a las redes sociales como base de sus desarrollos, a los que luego aplican sus distintos puntos de vista, tanto en el plano tecnológico como en el su concepción del mercado.
En Last.fm nos encontramos con un sistema de recomendación musical que se basa en el llamado filtrado colaborativo, un método que se nutre del feedback de los usuarios. La idea básica es la de la deducción de relaciones a partir de otras relaciones ya definidas: si a Pepe le gusta James Blunt y a Paco le gustan James Blunt y Natalie Imbruglia, es muy probable que a Pepe también le guste Natalie Imbruglia. Aunque parece que se trata tan solo de aplicar una propiedad transitiva a los gustos musicales, Last.fm encierra mucho más gracias a una base de datos de usuarios y relaciones realmente impresionante.
Y es que, como en el caso de MyStrands, el buen hacer de Last.fm se debe a la utilización del plug-in Audioscrobbler en nuestro reproductor multimedia preferido. En este sentido la superioridad de Last.fm sobre cualquier otro proyecto es totalmente aplastante. Es prácticamente imposible que nuestro reproductor favorito no disponga de una versión específica de Audioscrobbler, un esfuerzo ejemplar de estos chicos que se nota en su soporte para reproductores de plataformas tan dispares como Linux o Amiga OS.Tras la instalación del plug-in adecuado para cada plataforma y reproductor multimedia podremos comenzar a «educar» al sistema escuchando nuestra música habitual desde el disco duro. Esa información se recogerá en sus servidores, y conforme a esos datos y a los que se recojan del resto de miles de usuarios del servicio se obtendrán una serie de radios personalizadas. Y esa realimentación continua del servicio permite que no solo se recojan datos de los artistas preferidos que disfrutamos desde nuestro PC: al utilizar las emisoras predefinidas por otros usuarios seguimos pudiendo interactuar con el sistema, eligiendo qué canciones nos gustan, o descartando las que no.
Precisamente para mejorar la interacción con este servicio sus desarrolladores lanzaron hace poco más de un mes el reproductor de factura propia, también disponible en varias plataformas. El reproductor permite acceder a las opciones del servicio de una forma más directa que el navegador web, y además muestra información del artista y la canción que se reproduce en cada momento. Es uno de los últimos complementos de un servicio sencillamente sobresaliente. ¿Qué más se le podría pedir?Sin duda, la cualidad más destacable de este servicio es su excelente sistema de recomendación. La eficacia de sus filtros colaborativos es tan sorprendente que es posible que no eliminemos prácticamente ninguna de las canciones que se están reproduciendo en la aplicación. Last.fm nos da la opción de escuchar selecciones predefinidas en nuestras recomendaciones (Recommended Radio), en nuestras canciones preferidas (Loved Radio), o bien escuchar las emisoras de nuestros «vecinos» (Neighbour Radio), usuarios que tienen gustos musicales similares.
Si pagamos la cuota mensual del servicio (3 euros al mes, 36 al año) podremos acceder a una emisora personalizada a nuestro gusto (una opción desactivada en la versión gratuita del servicio), además de evitarnos los molestos banners publicitarios. Abonemos o no esa cuota, pronto nos daremos cuenta de la diferencia entre la radio de toda la vida, sobre la que no tenemos ningún control, y servicios como Last.fm, que se ajustan a nuestros gustos de una forma excepcional.