Muchas olas, un océano

En la mesa de Larry Page hay un gran botón rojo que, durante los últimos meses, llevaba el rótulo «lanzar invitaciones para Google Wave». Alguien ha apretado por fin el botón, y tras las invitaciones, empiezan a llegar las primeras y previsibles críticas: «interesante pero complejo»; «un producto hecho por /geeks/ para /geeks/»

Javier Candeira

Muchas olas, un océano

5 marzo 2010

Y la más interesante, que le he oído recientemente a Enrique Dans: «mientras no haya bastantes usuarios con los que comunicarse, tener Google Wave es como ser el único de tus amigos que tiene correo electrónico». Bien visto.

Sin embargo, Google Wave es mucho más que esa aplicación que ahora empezamos a usar y que mezcla características de chat, wiki, correo electrónico y robot de cocina. Google Wave es, como nos enseñaban en clase de religión, trino y uno: el nombre «Wave» se refiere por igual al programa, a la plataforma y al protocolo subyacentes. Aunque Google ha declarado que desea que Wave suplante al correo electrónico, la aplicación Wave es solo una demo de las posibilidades de la tecnología Wave. Es complicado explicar para qué sirve una tecnología sin ejemplos de su uso, pero una tecnología suficientemente nueva siempre dejará a alguien preguntándose si para ese viaje hacen falta alforjas, incluso delante del ejemplo más claro.

Dicen que fue Tolstoy quien, visitando París, tuvo su primera experiencia del entonces novedoso teléfono cuando, en una cena con amigos, un criado vino a avisar a un comensal, que se ausentó para recibir una llamada. El escritor comentó «¿Así que esto es el tan cacareado teléfono? Suena un timbre, y uno se levanta a responder. ¡Pues vaya invento!». La misma respuesta tuvimos muchos al enseñar el correo electrónico a nuestros familiares a mediados de los 90: «¿O sea que, para escribir una carta que yo mando por veinte pesetas, tú te has gastado doscientas mil en un ordenador?».

Este problema se repite constantemente en la historia de las tecnologías de la información: en 1997, el creador de Lotus Notes, Ray Ozzie, montó una empresa para construir y vender herramientas de colaboración. Los usuarios de Groove, que es como se llama uno de sus productos, interactúan en espacios de trabajo compartidos mediante comunicaciones seguras P2P, o sea, sin servidor central. Es difícil describir el sistema sin parecer un vendedor ampuloso, pero es que Groove de verdad usa todos los palabros de moda en los 90: descentralizado, distribuido, seguro y peer-to-peer. Y además funciona. Lo sabe cualquier usuario de Office Online o de Microsoft Office Professional o de Live Mesh o de Microsoft Office Sharepoint Workspace o del nombre que le hayan dado esta semana, porque desde que Microsoft lo compró en 2005 no saben muy bien qué hacer con ello.

Google_Wave

No es que Groove no funcione, al contrario, es una tecnología probada, estupenda, y que sin embargo es tan transparente en los procesadores de texto y hojas de cálculo que hace que los usuarios se digan: «O sea, es ¿un procesador de texto? ¡Pues vaya invento!». Comentario injusto, porque Groove es mucho más, igual que un teléfono es más que un timbre.... Pero así son los usuarios. Algo parecido está pasando con la aplicación Wave. Es algo nuevo pero no del todo: es una mezcla rara de chat y wiki, lo que desde Google describen como «conversación y documento a partes iguales».

Es posible que Wave no cautive al gran público, pero esto no debería preocupar a Google. Hoy en día, nadie utiliza el servidor web original que Tim Berners-Lee programó en el CERN a finales de los 80, y solo unos cuantos académicos navegan con Amaya, el cliente web oficial del W3C. Pero gran parte del mundo funciona sobre el protocolo HTTP. El navegador en sí es importante, pero no es «lo» importante. Del mismo modo, la aplicación Wave solo es importante como cebo para atraer a empresas y desarrolladores a construir sobre el protocolo Wave.

Desde un punto de vista técnico, Wave no es tan elegante como Groove. Es una especie de Frankenstein hecho de protocolos y formatos libres: HTTP, XML, XMPP (el protocolo de chat de Jabber), y aunque es posible montar servicios distribuidos gracias a su protocolo de federación, sigue siendo un sistema centralizado. Pero tanto el protocolo como la aplicación son libres, y la implementación de referencia (la utilidad Wave) está disponible para que todos la estudien. Esa es su ventaja fundamental. En este sentido, Wave es su propia arma secreta.

El mundo entero usa la Web y no otros sistemas de hipertexto como Gopher o Xanadú porque, a la hora de la adopción masiva, una tecnología libre, sencilla y con implementación de referencia siempre vence a otra propietaria, compleja y... propietaria. Todos usamos correo electrónico e Internet sobre TCP-IP porque todos los demás tienen el mismo sistema, y son compatibles entre sí. La Web no es una sola aplicación, sino muchos servidores HTTP funcionando independientemente.

Todas las olas del mar no hacen una ola más grande, sino un océano. Google lo sabe, y quizá sea esa la razón de ser de Google Wave.

Javier Candeira ([email protected])

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