Comparativa

Analizamos siete PCs de sobremesa por menos de 900 euros

Pese a haber perdido hace tiempo su posición privilegiada en nuestros hogares, los PCs de sobremesa siguen teniendo un hueco en el mercado. Pequeñas empresas y jugones, sus más fieles seguidores

Alberto Castro Gallardo

Ordenador

29 septiembre 2011

El PC de sobremesa sigue vivo. Aunque su desaparición se antoja lejana (o, más bien, improbable), en los hogares ya no es un electrodoméstico imprescindible. Los portátiles, los net­books, los tablets e, incluso, los smartphones, van poco a poco ocupando el terreno en el que antes campaban a sus anchas.

Las cifras de ventas en España lo dejan bien claro: tres de cada cuatro ordenadores vendidos en 2010 fueron portátiles. Pero la movilidad no es la máxima responsable de que la clásica torre esté en peligro de extinción: importantes fabricantes como Samsung, Sony, Toshiba o Asus, por citar unos ejemplos, no ofrecen PCs de este tipo en su catálogo.

En algunos casos la apuesta se centra exclusivamente en los portátiles, mientras que en otros el culpable responde al nombre de All In One: ordenadores «todo en uno» que integran todo lo necesario en el propio chasis del monitor. A este asedio se suman, por un lado, los MiniPCs y, por otro, los nettops (el equivalente a los netbooks en el campo de los sobremesa).

Para explicar sus reducidas ventas también hay que mirar al mundo de la empresa: aquí los PCs en formato torre siguen predominando de forma masiva, pero la crisis económica y la escasa evolución de este tipo de ordenadores han provocado que su ciclo de vida se haya alargado y apenas se renueve el parque informático.

Ranuras PCI

A tenor de lo expuesto, y asumiendo que los PCs de sobremesa ya no son la opción natural para todos los públicos, los jugones y las pequeñas empresas emergen como su nicho de mercado natural.

La versatilidad de este tipo de máquinas, junto a sus capacidades de expansión y personalización, tienen la culpa. Pero si antes el usuario se planteaba comprar un portátil como equipo que complementase al principal, ahora sucede casi al contrario: es el PC de sobremesa, bien en versión potente o bien en versión básica y limitada, el que actúa como segundo espada.

¿De marca, ensamblado o montado por uno mismo?

Una de las dudas más recurrentes a la hora de comprar un PC de sobremesa es si apostar por un fabricante de renombre o si merece la pena confiar en su lugar en un ensamblador más pequeño, que se encargará de seleccionar los componentes y ofrecernos un amplísimo abanico de configuraciones posibles.

En el primer caso podemos esperar un extra en forma de aplicaciones propias que, en teoría, vienen a hacernos la vida más fácil (copias de seguridad automáticas, optimización del sistema y similares). Pero la mayoría de las veces no acaban siendo más que crapware, o programas preinstalados que ni son versiones completas ni le servirán al usuario.

También en lo que se refiere a la caja encontraremos algún factor diferencial que justifique el mayor desembolso y otorgue una diferenciación frente a los clónicos.

Con los ensambladores, por su parte, el precio suele ser menor y las opciones de configuración mayores, pero aquí el rival es otro: el «hazlo tú mismo». Con los conocimientos necesarios y un poco de experiencia cualquier usuario puede montar su PC pieza a pieza sin dificultad y ahorrarse unos valiosos euros.

No obstante, la barrera entre fabricante y ensamblador hace tiempo que se ha difuminado, ya que los primeros incorporan cada vez más piezas que no son suyas.

Microprocesador Sandy Bridge

¿En qué debemos fijarnos al comprar un sobremesa?

Aunque las diferencias entre comprar un sobremesa y un portátil no son sustanciales, sí que hay varias cosas que debemos tener en cuenta. Como en el caso que nos atañe no nos preocuparemos por la pantalla o la ergonomía del teclado y el ratón (pese a que algunos modelos los incluyen de serie), en su lugar atenderemos al número y tipo de conexiones frontales y traseras, así como a las posibilidades de expansión mediante bahías y ranuras libres.

Del procesador, al margen de elegir entre Intel y AMD, nos fijaremos en la velocidad de la CPU y el número de núcleos. 2,80 GHz y dos núcleos es el mínimo que hemos analizado en esta comparativa.

En lo que concierne a la memoria RAM, 4 Gbytes es el suelo que debemos marcar, mientras que en lo que al almacenamiento se refiere, 640 Gbytes es un buen punto de partida, aunque 1 Tbyte se antoja más adecuado.

Todos los modelos que hemos analizado coinciden en incluir una unidad óptica DVD+/- R/RW y en no incorporar WiFi de serie, mientras que en donde mayor variedad hemos detectado ha sido en el apartado gráfico (tarjeta dedicada o integrada), aunque casi todos apuestan por HDMI como nuevo estándar dominante para la salida de vídeo.

El software y los accesorios, por su parte, apenas marcaron la diferencia, siendo un apartado casi anecdótico.

Por último, en materia de conectividad es de agradecer la presencia de un lector de tarjetas, así como de puertos de alta velocidad USB 3.0 o eSATA, mejor que los menos recientes y veloces USB 2.0 o FireWire.

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