Especial

Duras pruebas al PC antes de vender para evitar sustos

Un fallo de diseño o de funcionamiento en una remesa de ordenadores puede ser nefasto para el fabricante. Para evitar sorpresas y las temidas «epidemias» de equipos dañados, las marcas prueban durante meses sus configuraciones

Juan Ignacio Cabrera

Teclado ardiendo

16 septiembre 2011

Afinar en el diseño de un portátil o un sobremesa y en la idoneidad de los componentes es crucial. Los fallos en la fase de producción de los equipos se pagan caros, tantos en términos económicos (recogida de equipos defectuosos o indemnizaciones) como de imagen.

Los fabricantes no quieren ni oír hablar de lo que, en la jerga del sector, se conoce como «epidemia». Sin embargo, ha habido en los últimos años unas cuantas reseñables. En algunos casos, se deben a que los sistemas no pasaron por pruebas de calidad posteriores a su fabricación.

En el verano de 2006, las imágenes de portátiles de Dell ardiendo dieron la vuelta al mundo. Al cabo de varios meses de recibir infinidad de quejas por el excesivo calentamiento, el fabricante tuvo que proceder a la retirada de más de cuatro millones de baterías, fabricadas por Sony.

Incendio Dell

Un poco más tarde, Apple, que veía como sus equipos sufrían por la misma razón, se comprometía a retirar también del mercado casi dos millones de baterías del gigante japonés que habían sido comercializadas en los años previos. La broma salió a Sony más de 300 millones de dólares.

El siempre valorado fabricante japonés, creador de maravillas como el walkman o el minidisc, volvía el año pasado a tropezar, viéndose obligado a retirar más de medio millón de modelos Vaio F y C porque se ponían al rojo vivo.

El fallo se debía a un defecto de fábrica por el que el sensor de temperatura de algunos equipos no regulaba correctamente la disipación de calor. Un par de años antes, un problema de desgaste de los cables eléctricos que conectan la CPU del portátil con la pantalla, y que discurren cerca de las bisagras, obligó también a Sony a retirar más de una decena de modelos Vaio. Varias personas reportaron quemaduras menores debido al problema.

Otro caso reciente de defecto de fabricación en el mundo de la tecnología ha tenido como protagonista a un móvil. En el verano de 2009, tuvo lugar uno de los pocos deslices en el exitoso currículo de Apple.

El «antennagate» oscureció el lanzamiento del iPhone 4. Para los que no lo recuerden, un fallo de diseño hacía que este perdiera cobertura si los dedos tocaban el borde inferior izquierdo del aparato, algo por otra parte natural. Como consecuencia, un irritado Steve Jobs tuvo que lanzar varias actualizaciones de firm-
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y regalar miles de fundas para que se olvidara el problema. El responsable más directo del fallo, un hombre con 25 años de experiencia en el diseño de aparatos electrónicos, fue despedido fulminantemente.

Pero no acaba ahí la cosa. La última gran pifia la protagonizó Intel a principios de este año. El gigante del silicio no tuvo más remedio que admitir un defecto en el diseño de los chipsets que acompañan a su nueva familia de procesadores Sandy Bridge.

Uno de los transistores que conforman la controladora SATA del chipset no funcionaba correctamente, lo que provocaba que la velocidad de transferencia entre el chipset y la CPU en algunos casos no fuera la adecuada. Poner las cosas en su sitio ha costado a Intel 700 millones de dólares.

Además, la compañía tuvo que paralizar por un tiempo la venta de la plataforma, lo que le hizo recortar su pronóstico de ingresos en el primer trimestre del año en 300 millones de dólares.

El percance llegaba para Intel en un momento delicado, pues, por un lado, ponía en la picota la salida de la línea Sandy Bridge, destinada a renovar todas sus configuraciones Core i3, i5 e i7, y, por otro, hacía sangre en una compañía que sufre la dura competencia de los fabricantes de procesadores bajo plataforma ARM, destinados al segmento tablet. Al mismo tiempo, y para más inri, en esas semanas, veía cómo su máximo rival, AMD, daba en el clavo con sus APU Fusion, una solución de bajo consumo en el que el chip gráfico va integrado.

Meses de pruebas

Para evitar estos deslices y garantizar el correcto funcionamiento de los equipos, los fabricantes de PC trabajan dura y disciplinadamente en los meses previos a la aparición de una configuración.

Desde que una marca piensa en un modelo de ordenador o en una gama determinada hasta que llega a los lineales de la tienda y la puede adquirir el comprador, pasan entre 4 y 9 meses, según las fuentes consultadas. En ese intervalo, las casas comprueban que los componentes son los adecuados y encajan perfectamente. Posteriormente, someten a todo tipo de perrerías a sus modelos en prueba.

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