Comparativa

Apunta, dispara y edita tus fotografías

Admítelo, a menudo piensas «¡vaya foto me va a salir!», pero, cuando la ves en la pantalla, te decepciona. Y es que hacerlo bien no solo requiere una cámara capaz, sino también un procesado posterior

Ramón Cutanda López

Comparativa edición fotográfica

5 noviembre 2012

Admítelo, a menudo ves algo que quieres fotografiar y piensas «¡vaya foto me va a salir!», pero, cuando la ves en la pantalla, te decepciona. Y es que hacerlo bien no solo requiere una cámara capaz, sino también un procesado posterior.

Recuerdo a la perfección la emoción que sentí cuando me regalaron mi primera cámara réflex. Pensé que, por fin, podría lograr fotografías de buena calidad. Cuál fue mi sorpresa, y desilusión, al comprobar que el resultado seguía estando muy, muy lejos de lo que yo entendía por una buena foto. Conocía bien toda la teoría sobre obturación, exposición y demás, así que primeramente pensé que únicamente me faltaba práctica.

Unos cuantos carretes después me di cuenta del problema: aunque yo ajustaba la cámara para una determinadas condiciones y con un resultado determinado en mente, el técnico del laboratorio fotográfico revelaba mi carrete de forma semiautomática, usando unos parámetros genéricos y sin tener ni idea ni de cuáles eran las condiciones de luz de la toma original ni, por supuesto, de cuáles eran mis intenciones sobre el aspecto final de la foto.

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El formato RAW ha abierto un mundo de posibilidades en la fotografía digital, al permitir guardar por separado los valores de saturación, colores básicos y luminosidad

Hoy en día, hemos pasado del carrete a la tarjeta de memoria, pero el proceso sigue siendo el mismo. Por mucho que usemos unos determinados ajustes en la cámara, es su electrónica la que, finalmente, «decide» por nosotros la luminosidad y el color que tendrá la imagen final en base a unos parámetros estándar. Ese es el motivo por el que, por ejemplo, todas las fotos con luces de farolas siempre aparecen con un marcado anaranjado.

Aunque hoy día todos los dispositivos ofrecen un buen número de opciones automáticas y manuales para controlar con bastante precisión el aspecto que tendrán nuestras imágenes, es prácticamente imposible obtener una foto que se ajuste con precisión a nuestros deseos directamente en la cámara, sin realizar ningún procesamiento posterior.

Además, y siendo práctico, para la mayoría de nuestras fotos, no tendremos el tiempo o la paciencia necesarios para ajustar a la perfección cada uno de los parámetros configurables del aparato, así que resulta bastante sensato dar por sentado que todas las fotografías son mejorables. En algunos casos, para corregir y subsanar defectos y, en otros, simplemente para mejorar lo que ya era bueno de entrada.

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La técnica HDR permite combinar una misma fotografía disparada en diferentes exposiciones para obtener un resultado mejor

Retoque y mejoras

Antiguamente, todo el proceso de perfeccionamiento y corrección de errores se hacía al revelar los carretes y fijar las imágenes en papel en el «cuarto oscuro». Hoy en día, es habitual la expresión «se ha usado Photoshop en esa foto». Aunque Adobe Photoshop es, sin duda, el gran referente en el mundo de la fotografía profesional, hay otras muchas herramientas domésticas que, por un precio más asequible o gratis, te permitirán darle a tus instantáneas el aspecto que tú quieres, y no el que tu cámara decida.

En esta comparativa, te presentamos las ocho mejores aplicaciones que hemos encontrado, cuatro totalmente gratuitas y otras cuatro de pago, para que puedas elegir fácilmente la que mejor se adapte a tus necesidades.

Histogramas y niveles

Todas las cámaras fotográficas incorporan un sensor capaz de medir la luz de una escena y ajustarla a las condiciones de iluminación medidas. Pero uno de estos dispositivos tiene una capacidad de captación de luz mucho más limitada que el ojo humano. Dependiendo del contraste de la escena y de los puntos de medición usados, es habitual que obtengamos fotos subexpuestas (oscuras) o sobreexpuestas (demasiado luminosas), a veces de forma global o, más comúnmente, únicamente en ciertas zonas de la imagen.

Mediante una representación visual llamada histograma y disponible en prácticamente todas las cámaras, podemos conocer la distribución de la luminosidad de los píxeles de una escena.

El histograma es una herramienta de un valor inestimable porque permite conocer, en la misma cámara y en el mismo momento de la toma, si la fotografía está correctamente expuesta. A menudo sucede que revisamos la imagen en la pantalla de la cámara con condiciones muy luminosas, como a plena luz del día en un día despejado, y eso nos impide juzgar correctamente la exposición.

En cambio, revisando el histograma nunca fallaremos. Una fotografía correctamente expuesta tendrá los píxeles repartidos por todo el histograma, sin que haya zonas sin píxeles en ninguno de los dos extremos y sin que tampoco se «corten». Una escena muy oscura, por ejemplo, tendrá muy pocos píxeles en la zona derecha del histograma, pero debe tener algunos. Una escena sobreexpuesta, como la de la imagen de la Torre Eiffel adjunta, en cambio, no contiene píxeles en el extremo izquierdo.

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Si sabes manejar los histogramas de la cámara digital que utilizas para captar las fotografía, podrás intuir cómo será el resultado final

Mediante aplicaciones de edición fotográfica es posible, hasta cierto punto, corregir fallos en la exposición de una imagen mediante la herramienta Niveles. A menudo también habrá una herramienta de Curvas, más flexible pero también más compleja de usar. La herramienta de niveles ofrece cuatro tipos de ajuste.

Uno global y tres independientes para modificar las luces altas (la parte más luminosa o clara de una imagen), las sombras (la parte más oscura) y los tonos medios. Manipulando esos controles, lograremos rescatar zonas oscuras de la imagen u oscurecer otras demasiado claras, teniendo en cuenta que todo tiene su límite y que cuanto más forcemos la imagen peor calidad obtendremos. Aún así, los resultados suelen ser sorprendentes.

Combinación HDR

Para superar las limitaciones de exposición de las cámaras fotográficas, se utiliza la técnica HDR (High Dinamic Range), consistente en realizar dos o más tomas con diferentes exposiciones (mediciones de luz) y posteriormente combinarlas en una única toma. Algunas de las aplicaciones de la comparativa ofrecen esta función, aunque no todas incluyen de serie el potencial que brinda el alto rango dinámico.

El formato RAW

RAW en inglés quiere decir crudo y al formato RAW se le conoce en el mundo de la fotografía como negativo digital. El sensor de una cámara es capaz de capturar de forma independiente la intensidad (saturación) de los tres colores básicos (rojo, verde y azul) y sus valores de luminosidad. Un píxel de una imagen JPEG es una mezcla indisoluble de esos valores. Es decir, cualquier cambio en uno de ellos afecta a los demás.

En el formato RAW, sin embargo, esos valores se guardan de forma independiente y es el fotógrafo quien decide como mezclarlos en el momento del revelado. Disparar en RAW ofrece, por tanto, una flexibilidad mayor a la hora del retoquecar una foto. Hay, eso sí, varios inconvenientes. Por un lado, más información significa más espacio. O dicho de otro modo, menos fotos por tarjeta.

Por otro lado, el revelado digital de los RAW es un proceso manual. Es decir, hay que revelar foto a foto para decidir cómo queremos que sea su aspecto final. Y, aunque este proceso se puede automatizar, realmente no tiene sentido disparar en RAW y hacer un revelado automático. ¡Eso ya lo hace la propia cámara cuando disparamos en JPEG!

Por último, únicamente cámaras de gama media-alta son capaces de disparar imágenes en RAW y no todas las aplicaciones son capaces de abrirlos y revelarlos. Para poder obtener los iconos de vista previa de archivos RAW en Windows, es necesario instalar el pack de codecs de Microsoft.

Captura el momento, pero primero detente a pensar

A las cámaras compactas se las conoce comúnmente en inglés como point-and-shoot, lo que puede traducirse como «apunta y dispara». Hay un buen número de usuarios que hace precisamente eso. Cogen la cámara y, sin apenas mirar la pantalla, disparan «a lo que salga». Sin embargo, es importante tener en cuenta que el proceso de edición de una foto, en realidad, no empieza delante del ordenador, sino en el mismo momento de realizar la toma.

Cuando te sientas familiarizado con tu programa de edición, te darás cuenta de que a la hora de hacer una foto no solo pensarás en lo que la cámara es capaz de mostrar en el momento de la toma. Pensarás, además, en lo que podrás hacer en tu casa: modificar la luz, el color, reencuadrar, nivelar... Eso te ayudará a ajustar la cámara en consonancia. Muy al contrario del concepto point-and-shoot, cuando se quiera editar una foto, conviene reflexionar antes incluso de apretar el obturador.

Retocar una foto, ¿eso no es hacer trampa?

Una cámara no puede captar exactamente lo mismo que el ojo humano y, por tanto, cualquier imagen que se obtenga está sujeta a la interpretación y valoración del fotógrafo o del técnico colorista. Ahora bien, hay que distinguir entre un retoque que persiga únicamente perfeccionar, corregir pequeños errores o ajustar sutilmente la imagen y un retoque más libre y artístico que aleje claramente la imagen de la realidad.

En cualquier caso, nunca podremos obtener una imagen idéntica a la realidad. Como mucho, podemos obtener una foto idéntica a nuestra interpretación de lo que debería ser una toma perfecta. Si no realizamos nosotros mismos esa interpretación, lo hará de forma automática la propia cámara o el software que usemos.

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A menudo se usa la expresión «esa foto está retocada con Photoshop» en un tono un tanto despectivo, insinuando que está mejorada artificialmente alejándola de la realidad. Como se comenta en estas líneas, revelar un carrete de fotos también está sujeto a una interpretación por parte de la persona que revela y fija las fotos en un proceso muy similar al revelado digital.

Y si bien es cierto que procesamiento y revelado digital ofrecen más posibilidades que en el mundo analógico, usar un software de edición para darle a nuestras imágenes el toque final que deseamos no solo no es hacer trampa sino que es un proceso más de este arfe. Tan natural como encuadrar para decidir qué queremos que salga en la foto.

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