En busca de los ocho octetos

Cuatro años y medio han pasado desde que AMD lanzara el primer procesador con arquitectura X-86-64. En aquel momento muchos pensaron que el salto definitivo a los 64 bits había llegado, pero aunque en entornos empresariales sí se ha adoptado dicha solución, no ocurre lo mismo con los equipos destinados al usuario final

25 octubre 2007

Inexplicablemente, los procesadores de 64 bits siguen siendo utilizados en su amplia mayoría como si fueran micros de 32, ya que los usuarios recurren a las ediciones de sistemas operativos preparadas para las plataformas x86/IA-32 de cuatro octetos. Los modos de compatibilidad que permiten instalar y utilizar aplicaciones de 32 bits sin problemas en sistemas operativos de 64 bits no han surtido el efecto deseado y la migración hacia esta nueva plataforma parece estar en punto muerto. ¿Por qué?

 

Mucho ha llovido desde abril de 2003 en el mundo de los procesadores, pero casi todos los desarrollos han seguido centrándose en que la plataforma x86 evolucione aún más. Los nuevos microprocesadores son versiones muy mejoradas de los que había en aquella época, con juegos de instrucciones y microarquitecturas avanzadas que han hecho olvidar las ventajas de los 64 bits.

 

Y es que, cuando todo parecía apuntar a un giro del mercado hacia las plataformas de ocho octetos, la industria pareció darse cuenta de que, en realidad, a los 32 bits aún les quedaba mucha cuerda. Lo han demostrado los sistemas operativos y aplicaciones modernas, que, a pesar de todas las predicciones, parecen seguir aprovechando de forma excelente los 4 Gbytes de límite de memoria direccionable que imponen los sistemas de 32 bits.

 

Esa mejora fundamental de los 64 bits (que a efectos prácticos elimina ese límite, con unos inalcanzables 16 exabytes) no ha supuesto la ventaja competitiva que todos esperábamos, por lo que los desarrolladores hardware y software han seguido apostando por el mercado de los 32 bits. Muchos pensarán que «el doble de bits» podrían proporcionar «el doble de velocidad» y, en ciertos ámbitos, parecía prometer también un rendimiento asombroso en juegos y aplicaciones, un concepto que confundió a los usuarios y que, obviamente, demostró no cumplirse una vez que los procesadores estuvieron en la calle.

 

Con todo y con eso, la informática de 64 bits podría ofrecer mejoras significativas, pero pronto veremos que la industria no ha querido aprovecharlas y ha dejado a los usuarios muy, muy solos.