Paso a paso

Claves para conseguir un monitor LCD de cine

Si has notado deficiencias en la calidad de tu monitor, antes de plantearte adquirir otro, prueba a modificar la resolución, realizar un calibrado y comprobar el estado en el que se encuentran los cables

Artemio Revilla

Consigue un LCD de cine

24 enero 2013

Si últimamente has notado deficiencias en la calidad de tu monitor, antes de plantearte adquirir otro, prueba a modificar la resolución, realizar un calibrado y comprobar el estado en el que se encuentran los cables.

Los dispositivos de visualización equipados con matrices LCD TFT han experimentado un importante desarrollo tecnológico en los últimos años. A nuestro juicio, las dos últimas innovaciones que han incidido en mayor medida en la calidad de imagen que los monitores son capaces de proporcionarnos han sido la retroiluminación LED y los paneles IPS (In-Plane Switching).

Y es que el acabado de las imágenes de las propuestas que podemos comprar en cualquier tienda es muy superior al de los monitores disponibles hace tan solo tres o cuatro años, justo antes de que estuviesen disponibles estas innovaciones.

Pero, al igual que la mayor parte de los ingenios electrónicos que utilizamos habitualmente, los monitores también se estropean. Las averías que atañen directamente al panel o a la lógica de procesado de la señal escapan a los recursos que tiene el usuario medio en su casa para repararlos. Sin embargo, esto no significa que no tengamos ningún margen de maniobra. Algunos contratiempos habituales sí podemos corregirlos. Y sin mucho esfuerzo. Seguid leyendo y descubriréis qué soluciones os proponemos.

1. La resolución, un aspecto fundamental

El esquema de funcionamiento de los monitores LCD es radicalmente diferente del utilizado por los dispositivos con tubo de rayos catódicos (CRT). Los paneles de los primeros son una matriz con un número de celdillas fijo. Por esta razón, aunque son capaces de mostrar imágenes con varias resoluciones distintas, si queremos sacarles el máximo partido, es necesario alimentarlos con señales que utilicen su resolución nativa.

Los televisores suelen incorporar una circuitería de procesado bastante potente diseñada para comprimir las señales cuando su resolución es mayor que la nativa o escalarlas si es menor. Pero la capacidad de adaptación de la mayor parte de los monitores es mucho menor que la de los televisores, por lo que, si la calidad de imagen del vuestro es inferior a lo que esperáis, os sugerimos que os cercioréis de que estáis suministrándole una señal con la resolución apropiada.

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Utilizando los controladores de vuestra tarjeta gráfica, podréis manipular tanto la resolución como la tasa de refresco de la señal que envía al monitor (este último parámetro no siempre se puede modificar). Solo tenéis que dirigiros a Inicio/Panel de control/Pantalla/Ajustar resolución.

2. Mejora la calibración

Prácticamente ningún monitor viene perfectamente calibrado de fábrica, lo que pone en nuestras manos un margen de actuación muy apetecible para mejorar su calidad de imagen. En Internet, podéis conseguir numerosas herramientas, fantásticas todas ellas, para mejorar la calibración de vuestro dispositivo de visualización.

A nosotros las que más nos gustan son DisplayMate y Nokia Test. La primera es comercial, pero podéis descargarla por solo 69 dólares, mientras que la segunda no cuenta con soporte desde hace años, por lo que está disponible gratuitamente en muchos repositorios de descargas, como Softonic. Estas dos aplicaciones incorporan tutoriales diseñados para guiarnos paso a paso a través del proceso de calibración.

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El mejor consejo que podemos daros para que llevéis a cabo este proceso con garantías de éxito consiste en conseguir que la luz ambiental de la habitación en la que reside el monitor en el momento de la calibración sea similar a la que utilizáis habitualmente. De esta forma, cuando comparéis los patrones de color y contraste que estas aplicaciones os propondrán, lo haréis en un entorno parecido al que empleáis normalmente, por lo que vuestra satisfacción será mayor.

3. Comprueba posibles fallos en el cable HDMI

Las señales de vídeo digitales, cuando son restituidas en dispositivos de naturaleza discreta, como los monitores LCD TFT, nos proporcionan una calidad de imagen extraordinaria, entre otras circunstancias, debido a que nos permiten ahorrar la siempre degradante conversión del dominio analógico al digital. Sin embargo, dada su naturaleza discreta, es esencial que todos los bits de información procedentes de la tarjeta gráfica lleguen sin alteración alguna al dispositivo de visualización. De lo contrario, la imagen no se restituirá.

Si esto sucede, os aconsejamos que consigáis un cable HDMI, DisplayPort o DVI, el que prefiráis, de calidad. Los mejores están muy bien apantallados para evitar que las perturbaciones electromagnéticas presentes en el ambiente degraden la información que transportan. De todas formas, antes de desterrar vuestro viejo cable, podéis revisar su trazado.

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Y es que, si pasa cerca de una toma de corriente eléctrica o una caja acústica, por ejemplo, puede estar siendo amenazado por un campo electromagnético capaz de alterar la información. Procurad alejarlo de estas fuentes de perturbaciones y si, después de hacerlo, los problemas no han desaparecido, optad por adquirir un cable nuevo de mayor calidad.

4. Píxeles defectuosos

Este es uno de los problemas más inquietantes a los que nos podemos enfrentar los propietarios de dispositivos de visualización. Cuando se produce, uno o varios píxeles del panel se mantienen en un estado fijo, que puede ser permanentemente apagados o siempre encendidos y mostrando uno de los colores primarios. Dependiendo de su posición, estos puntos pueden no molestar mucho, o ser un auténtico tormento.

El origen de este problema estriba en el mal funcionamiento del transistor que determina en qué estado debe estar un píxel en un instante determinado. Este fallo no siempre se puede subsanar, pero hay varios procedimientos que merece la pena probar porque, en algunas ocasiones, funcionan y solucionan el problema de forma definitiva.

Lo primero que debéis hacer es ejecutar una aplicación diseñada para revivir píxeles defectuosos. Nosotros nos decantamos por UDPixel, que es gratuita, muy sencilla de utilizar y que funciona bastante bien. En cualquier caso, podéis encontrar muchas más alternativas en Internet. Lo único que hace este software es enviar una señal al monitor que está diseñada para excitar los píxeles del panel y provocar que cambien su estado constantemente y a una elevada velocidad. Si el transistor tiene daños físicos permanentes, no funcionará. Pero si está bloqueado, el problema desaparecerá.

Si el procedimiento anterior no ha resultado eficaz, intentad una última solución: coged un paño de algodón, dobladlo, colocad una porción bajo vuestro dedo índice y presionad directamente con él, sin excederos, sobre la porción del panel que contiene el píxel defectuoso. Mientras lo hacéis, apagad y encended el monitor varias veces. No os garantizamos que logréis repararlo de este modo porque, como hemos visto, todo depende de la naturaleza del problema que impide su correcto funcionamiento, pero merece la pena intentarlo.

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Más limpio

Si el monitor con el que trabajamos no está perfectamente limpio, también se puede ver afectada su visualización. Por ello, os recomendamos emplear un paño de algodón (o papel de cocina) y unas gotas de alcohol isopropílico. Esta sustancia, a diferencia de otros tipos de alcohol, se evapora casi inmediatamente al entrar en contacto directo con el aire, por lo que resulta idónea para limpiar dispositivos electrónicos u objetos delicados. Humedeced ligeramente el paño con unas gotas de alcohol y frotad suavemente toda la superficie del monitor, incluida la pantalla, con movimientos circulares. Quedará como los chorros del oro.