Gestiona tu música y vídeo

Al tiempo que se incrementa la capacidad de los discos duros y reproductores portátiles y mejora la banda ancha, nuestras colecciones de material audiovisual crecen hasta el punto de que se hace imprescindible organizarlas

Sergi Puertas

Gestiona tu música y vídeo

13 enero 2010

Cuando a mediados de los años 90 comenzó a difundirse el formato MP3, a muchos nos deslumbró la propuesta: archivos de audio que ocupaban poco más de una décima parte del original sin que la pérdida de calidad resultará obvia. Algoritmos de recorte de frecuencias astutamente diseñados para eliminar información que el oído humano apenas alcanzaba a percibir daban como resultado pequeños ficheros de fácil transmisión a través de la Red.

Ni siquiera aquellos que desarrollaron el estándar podían llegar a imaginarse la repercusión que tendría no solo para músicos y melómanos, sino para el conjunto de la sociedad. A lo largo de los siguientes años fueron apareciendo formatos que prometían perfeccionar distintos aspectos del concepto original. Algunos, como OGG, ofrecían tamaños de archivo todavía más reducidos que los del MP3 con una calidad de audio equivalente; otros, entre los que se cuentan los archivos FLAC, daban opción a codificar audio sin un nivel de comprensión tan elevado pero dando a cambio calidad sin pérdida.

Los ficheros audiovisuales han pasado a lo largo de la última década por un proceso similar. Si bien las deficiencias derivadas de la compresión resultan en estos últimos más evidentes, mediante la conversión a MPEG o AVI es posible reducir el tamaño de los archivos de vídeo a una fracción del original, y nuevos formatos como MP4 o MKV siguen haciendo su aparición en busca de un compromiso ideal entre calidad y tamaño.

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Poniendo orden

Hoy en nuestros equipos se aglomeran centenares de temas musicales, decenas de películas...., y comienza a ser difícil dar con alguien que no posea un reproductor portátil. Las colecciones de CDs, vinilos y DVDs son sistemáticamente convertidas a digital, cargadas en ordenadores, volcadas en reproductores MP4 y disfrutadas en cualquier rincón del mundo. El número de artistas de primera línea que optan por hacer público su material en régimen gratuito o por ofertar una versión digital del mismo a un precio reducido crece año a año. La capacidad de los discos duros que equipan nuestros ordenadores y reproductores portátiles prosigue también una escalada imparable. ¿El resultado? Gigantescas bibliotecas de archivos no solo capaces de rivalizar con las antiguas colecciones de vinilos, compactos y cintas VHS, sino también de superarlas en tamaño y en diversidad.

Las malas noticias son que localizar una canción específica en tal maremágnum puede resultar una tarea un tanto ardua. Las buenas, que resulta definitivamente más sencillo poner orden en una colección de ficheros digitales, por grande que sea, que gestionar el material físico que antaño descansaba en la estantería. Los procesos de catalogación, ordenación y búsqueda se llevan a cabo esencialmente a partir de las etiquetas internas que contienen los archivos. En estas, se incluye información como el nombre del artista, el título de la canción, el álbum al que pertenece, etcétera. En ocasiones, especialmente si se trata de canciones sueltas o discos de muy escasa difusión, la tarea de etiquetado recaerá sobre el propio usuario; no obstante, en la mayoría de los casos, será el propio software de catalogación el que se encargue de descargar la información de Internet.

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Microsoft, Apple y otros

Todo usuario de Windows está más o menos familiarizado con Windows Media Player, un catalogador y reproductor que, once versiones después de la aparición del original, ofrece unas prestaciones más que interesantes tanto a la hora de etiquetar y clasificar como cuando se trata de transferir temas a dispositivos portátiles. iTunes, por su parte, se ha convertido en otro de los modelos de referencia de la industria gracias a la tremenda popularidad de las sucesivas encarnaciones del reproductor iPod y su tienda on-line.

Sin embargo, la rápida expansión de la música digital y los contenidos audiovisuales comprimidos ha provocado una gran proliferación de programas afines. En PC Actual hemos instalado en nuestros equipos los más destacados y hemos analizado sus principales opciones con objeto de dilucidar cuáles son sus prestaciones y cuáles sus usuarios potenciales.

La opinión de PC Actual: Priorizamos la gestión de audio

Como apuntábamos en la introducción de esta comparativa, la gestión de contenidos multimedia a través de un PC es infinitamente más sencilla que la catalogación y clasificación de discos físicos. Sin embargo, la búsqueda de canciones en formato digital a menudo no resulta tan inmediata como cabría esperar. En ocasiones, especialmente cuando nos encontramos frente a música descargada de Internet, los campos de las etiquetas internas de los archivos no estarán debidamente cumplimentados y será precisó que los rellenemos. En otras, hallaremos discrepancias en el etiquetado.

Así, por ejemplo, si buscamos en nuestro equipo canciones del grupo The Police, es posible que ciertos temas se encuentren etiquetados como «The Police», otros como «Police» o, quizás, como «Police, The». El problema se agrava cuando las búsquedas se realizan a través de dispositivos portátiles, donde las opciones para localizar archivos se reducen drásticamente. Así, los programas analizados resultan casi imprescindibles en el ámbito del audio, al permitir identificar racionalmente la música y unificar criterios. Y dado que pocos serán los usuarios que posean enormes colecciones de películas en su disco duro, quizás no resulte esencial esta opción.

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Completos y eficaces

Como acostumbra a suceder a la hora de emitir dictamen, los criterios a la hora de descartarse por una opción o por otra variarán dependiendo de las necesidades a satisfacer. Si lo que deseamos es etiquetar con coherencia y mantener una biblioteca que integre toda la música que tenemos en nuestras unidades de disco, Aimp se erige en una de las opciones más interesantes gracias a su gratuidad, a los escasísimos recursos que consume y a una calidad de reproducción capaz de desbancar a sus competidores.

Aquellos que requieran funcionalidades de vídeo y otras características complementarias, como pueden ser la transferencia a dispositivos portátiles o la grabación de CDs, no tendrán mayor problema en emplear el propio reproductor de Windows Media o iTunes, siempre y cuando el reducido número de formatos que ambos soportan les resulte suficiente. No obstante, aquellos que acostumbren a descargar música de Internet darán, tarde o temprano, con ficheros que ni el reproductor de Microsoft ni el de Apple serán capaces de catalogar. Llegado este punto caben dos opciones. La primera es hacerse con un conversor universal –por ejemplo, dBpoweramp (www.dbpoweramp.com)–, que permita obtener versiones MP3 a partir de ficheros FLAC, MPC, etcétera.

Sin embargo, cabe tener en cuenta que toda conversión a formatos que empleen compresión con pérdida derivará en una menor nitidez de sonido de los ficheros de destino. Por consiguiente, lo ideal es decantarse por un software capaz de gestionar directamente cualquier formato. En ese sentido, tanto Winamp como JetAudio resultan más que recomendables. El primero cuenta la ventaja de ser capaz de reproducir y catalogar un mayor abanico de formatos de sonido; no obstante, el hecho de que segundo se haya mostrado más estable a lo largo de nuestras pruebas y que posea capacidades para reproducir todo tipo de películas –incluso las de de Apple QuickTime– nos lleva a decantarnos por él, pues su instalación garantiza que, una vez lo tengamos cargado, prácticamente podremos centralizar en él todas las operaciones de gestión y reproducción de archivos multimedia.

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Lo mejor: Todo ordenado

Gracias a los gestores multimedia y tras completar los posibles campos vacíos en las etiquetas identificativas de nuestros ficheros, buscar temas musicales en nuestros equipos se convierte en un juego de niños, por más que estos se hallen en distintas carpetas o en unidades de disco diferentes.

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Lo peor: Necesito un estándar, por favor

Al no existir una base de datos on-line única y que se rija por normas estandarizadas, a menudo nos vemos obligados a perfilar manualmente la información sobre de los discos de audio que volcamos a nuestro equipo. En ocasiones, la disparidad de criterios puede provocar que las búsquedas resulten más trabajosas.

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