Guía para comprender a fondo los formatos sin pérdida

17 marzo 2014

 Finalizan con un punto seguido de tres o cuatro letras. Es lo que ocurre con absolutamente todos los archivos de un ordenador o de un smartphone. Esas últimas letras representan el formato en el que está dicho archivo. Hoy nos vamos a centrar en un tipo de formato, el formato sin pérdida.

¿Qué es un formato sin pérdida?

Cualquier elemento en un ordenador tiene que tener algún tipo de formato, o por así decirlo, algún tipo de estructura que sea conocida por ese ordenador para que este pueda trabajar con el archivo. En un paralelismo con el mundo de los objetos físicos, el formato sería algo así como el material con el que está construido dicho objeto.

Al igual que hay diferentes materiales con diferentes propiedades, también hay distintos formatos con distintas características. La mayor parte de los archivos que utilizamos hoy en día tienen un formato comprimido, por lo que ocupan menos espacio en nuestro ordenador y son más fáciles de enviar por medio de Internet, o de subir a alguna red social. No obstante, estos formatos no son los de mayor calidad, pues este puesto lo ocuparían los formatos sin pérdida. Estos formatos conservan la calidad original del archivo, y son los que ofrecen mejores resultados.

Si hablamos de imágenes, los formatos sin pérdida son RAW, BMP y PNG, entre otros. Mientras, los formatos comprimidos son JPG y GIF. Sin embargo, hay ciertas diferencias con algunos de ellos. RAW, por ejemplo, almacena todos los datos de la luz captados por el sensor de la cámara. Es un formato perfecto para fotográfos. Pero ni siquiera lo sería para los fotógrafos que quieran compartir una determinada fotografía en una red social. Una foto RAW puede ocupar fácilmente 25 MB, en función de la resolución de la cámara. Una foto de alta calidad JPG sería una fotografía que ocuparía dos o tres megabytes, aunque tendría menos calidad.

Si hablamos de audio, hay tres formatos principales sin pérdida: WAV, FLAC y ALAC. Este último es el que utiliza Apple en iTunes. Son formatos que no pierden nada de calidad con respecto al audio original. Sí estaríamos perdiendo calidad con el MP3 y el OGG.

Y si hablamos de vídeo, son pocos los formatos sin pérdida de los que podemos hablar. De hecho, hay un problema, y es que almacenar vídeos sin pérdida sería una tarea imposible para cualquier persona que no tuviera un servidor de almacenamiento cerca. Es por eso que solemos optar por los formatos MKV, WMV, y H.264. Eso sí, este último es mucho mejor, pues el proceso de compresión que lleva es mucho más inteligente.

La compresión, ¿cómo funciona?

Ahora bien, ¿qué es esto de formatos comprimidos? Como su propio nombre indica, estamos hablando de formatos que reducen los archivos, y nos podemos basar en ello para entender a la perfección cómo funcionan estos formatos. Seguro que todos nos hemos visto en la situación de tener que hacer una maleta con el espacio justo, acabar de elegir toda la ropa que vamos a llevar de viaje, y finalmente tener que decidir de qué podemos prescindir para poder cerrar la maleta, porque teníamos demasiada ropa. Pues en eso mismo consiste la compresión de cada uno de los formatos. Eliminan elementos de ese archivo, y así hacen que pese u ocupe menos.

¿Por qué hay formatos diferentes? Volviendo al caso de la maleta, cada persona tomará diferentes decisiones con respecto a aquellas cosas de las que puede prescindir para su viaje. Variará de una persona a otra. Lo mismo ocurre con los formatos. Los desarrolladores de estos reducen el espacio ocupado por un archivo, pero cada uno de los formatos elimina datos de una manera diferente, por lo que un archivo comprimido a JPG, puede ser diferente de uno GIF, aunque los dos sean comprimidos. Cada uno de ellos ha seguido un procedimiento distinto para eliminar los datos, y que la canción, imagen, o vídeo, siga prácticamente reproduciéndose igual que la versión original.

¿Cuándo convertir de compresión a sin pérdida?

La pregunta que encabeza este párrafo es especialmente importante para todos aquellos que en algún momento hayan convertido un archivo de un formato comprimido a un formato sin pérdida. Y es que, en realidad, va con trampa, pues nunca se debe convertir un archivo de un formato comprimido a un archivo sin pérdida. En realidad, no ocurre nada si lo hacemos, pero no mejoraremos la calidad de dicho archivo, aunque ahora vaya a estar disponible en un formato en el que no se comprimen los archivos.

Por supuesto, tampoco es una buena idea convertir un archivo en un formato comprimido, a otro formato comprimido distinto. Tengamos en cuenta que cada proceso de compresión es diferente en función del formato elegido. O sea, que cada formato elimina los datos que considera apropiados para mantener la calidad de la imagen. Si disponemos de un archivo en un formato comprimido, eso significará que este ya no conserva todos los datos originales. Si ahora lo convertimos a un formato comprimido distinto, el proceso de compresión eliminará nuevos datos del archivo, y lo más probable es que tengamos un archivo mucho más deteriorado.

 

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