Paso a paso

Imágenes de infarto: aprovecha al máximo tu tarjeta gráfica

Los paneles de control de las tarjetas gráficas son cada vez más completos, pero, a la vez, más difíciles de manejar. En este práctico aclaramos de qué son capaces, qué hace cada filtro y de qué forma afecta al rendimiento

José María Arias-Camisón Cano

25 abril 2013

Los paneles de control de las tarjetas gráficas son cada vez más completos, pero, a la vez, más difíciles de manejar. En este práctico aclaramos de qué son capaces, qué hace cada filtro y de qué forma afecta al rendimiento.

Nivel: Intermedio

Con el paso de los años las tarjetas gráficas de nuestros equipos han ido adquiriendo más y más protagonismo. Quedan lejos los tiempos en los que la CPU cargaba con todo el trabajo gráfico de nuestros ordenadores, y el reino de las tarjetas gráficas ha ido consolidándose. Hoy en día una de ellas es casi un ordenador en sí misma, con una potente GPU, memoria RAM dedicada en grandes cantidades y sistemas de alimentación y ventilación propios.

Se puede afirmar con cierta seguridad que cualquier PC medio es, al menos, tan potente como una consola de nueva generación, y un PC avanzado puede llegar a multiplicar por 20 la potencia bruta de estas. Para canalizar y optimizar todo ese torrente de fuerza es importante que conozcamos de qué es capaz nuestro hardware, para qué lo queremos utilizar y cómo debemos configurarlo.

Elige bien tu hardware

1. Busca ante todo el máximo equilibrio

Contamos, básicamente, con tres parámetros: la resolución, los filtros y los fotogramas por segundo (FPS). A grandes rasgos, cuanto más altos o de mejor calidad sean los dos primeros, menor será la suma total del tercero. El equilibrio perfecto consiste en encontrar la fórmula ideal para hacer que la resolución sea la misma que la de nuestro monitor, los filtros sean los mejores posibles y los FPS se mantengan entre 30 y 60 estables, con algunas puntualizaciones importantes.

Todo será más sencillo si tenemos claro cuál es nuestro objetivo. Si lo nuestro son los shooters on-line, donde la velocidad de respuesta es capital y no podemos permitirnos ninguna licencia en cuanto a estabilidad de FPS, entonces debemos centrarnos en conseguir una tasa lo más alta y estable posible.

Unigine Heaven

• Escena de Unigine Heaven renderizada con la menor carga de trabajo.

Es importante destacar que esta tasa debe ser estable en este tipo de situaciones, ya que de poco nos servirá que nuestra tarjeta pueda alcanzar los 90 FPS en escenarios simples, si luego, en tiroteos o habitaciones con muchos objetos, bajamos a los 20 FPS. Debe primar una estabilidad constante, por encima de los 50 FPS.

Si, por el contrario, somos «llaneros solitarios» y jugamos a aventuras de un solo jugador, entonces podemos permitirnos algunas licencias sobre la tasa de FPS. Tomando como base que debemos procurar que sea lo más alta posible, movernos sobre los 30 a 40 FPS es aceptable para experiencias individuales. Entonces podremos subir la calidad global de imagen para disfrutar de un espectáculo gráfico.

Unigine Heaven

• Escena de Unigine Heaven renderizada con la mayor calidad.

Otra premisa sobre la que podemos trabajar es la resolución. Si queremos que la del juego sea la misma que la nativa de nuestra pantalla, deberemos modificar los otros elementos teniendo este parámetro en cuenta. No es un tema menor. En líneas generales, configurar nuestro juego a la resolución nativa del monitor (ni mayor ni menor) va a generar una imagen más limpia y nítida, pero puede ser un problema en cuanto a rendimiento, sobre todo con tarjetas de gama media y baja.

2. Opta por la CPU y la RAM adecuadas

Como comentábamos inicialmente, las tarjetas gráficas han adquirido casi todo el protagonismo en el rendimiento visual de nuestro equipo. Si bien la CPU del ordenador tiene repercusión sobre la cuenta final de FPS, muy pocos juegos están optimizados para aprovechar totalmente las CPU multinúcleo, de modo que una CPU estándar se va a comportar, a grandes rasgos, como una de mayor potencia. Insistimos en que cuanto mejor sea la CPU mayor será la tasa de FPS, pero no será el factor determinante y dependerá en gran medida de cómo esté optimizado el juego para los procesadores multinúcleo.

Intel Core i7 Processor

La memoria RAM es también un factor importante, pero no en todas las circunstancias. Es decir, en líneas generales tener más RAM no afecta a la cantidad de FPS, a menos que tengamos poca memoria. En ese caso notaremos bajadas muy severas, ya que nuestro equipo utilizará los discos duros como memoria temporal, mucho más lenta que la RAM. Generalmente estas bajadas son drásticas y temporales, y suelen ocurrir con juegos con cargas enormes, como algunos MMOs. Pero si, por ejemplo, tenemos 4 Gby­tes de RAM y no experimentamos bajadas drásticas de FPS, no notaremos una mejora en el rendimiento si instalamos 8 Gbytes.

3. Encuentra la tarjeta gráfica idónea para ti

Llegamos al elemento fundamental: la tarjeta gráfica. A grandes rasgos, el rendimiento total de una gráfica lo condicionan la GPU y la memoria de vídeo. El procesador de la tarjeta suele tener múltiples unidades de procesado y mayor o menor velocidad de reloj. En lo que concierne a la memoria RAM, por su parte, no solo importa la cantidad, sino también su velocidad.

Tarjeta gráfica

• Si queremos sacar el máximo partido a nuestra tarjeta gráfica podemos ajustar la velocidad de reloj de la GPU y la memoria a mano, pero la estabilidad de este componente puede resentirse si nos excedemos.

En lo referente a la tecnología con la que está construida la GPU cada generación cuenta con una serie de características específicas, como la litografía y la arquitectura, que repercuten en el calor que genera y, por lo tanto, en la energía que consume y en qué librerías puede ejecutar. También es frecuente que las tarjetas gráficas cuenten con módulos o instrucciones específicas para ajustar en tiempo real la velocidad de reloj de la GPU, codificar vídeo, etc.

Como de costumbre con el hardware, es difícil entender qué tarjeta gráfica es mejor que otra a simple vista. Las nomenclaturas son muy confusas y en muchas ocasiones se puede caer en el error de fijarse en datos simples, como la cantidad de RAM o la velocidad de la GPU, para elegir un modelo u otro. No hay más remedio que documentarse un poco para entender cuál es la gráfica que más se ajusta a nuestras necesidades y presu­puesto.

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