Optimiza la batería de tu portátil

Cuando se trabaja con equipos portátiles, cuidar la batería, tanto físicamente como con una buena gestión a través del sistema operativo, es fundamental para conseguir una mayor duración de la misma. Con unos sencillos consejos y unos simples pasos, lo tenemos hecho

Enrique Sánchez rojo

Optimiza la batería de tu portátil

2 noviembre 2010

NIVEL: BÁSICO

CUIDADOS FÍSICOS DEL HARDWARE

Paso 1. Prepara la batería

Una vez que tengamos el nuevo portátil en nuestras manos, lo primero que tenemos que hacer es sacarlo de la caja y realizar una carga completa de batería hasta que quede cargada al cien por cien. Durante los primeros días, es conveniente llevar a cabo la carga/descarga al menos durante unos diez ciclos completos. De esta manera, haremos «el rodaje» de la batería y la dejaremos lista para empezar a trabajar con ella a pleno rendimiento.

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Paso 2. Conservarla al día

El buen estado de una batería es fundamental para conseguir una mayor autonomía del portátil. En la actualidad, aunque las baterías son de Litio, lo que les confiere una mayor durabilidad y evita en buena parte el «efecto memoria», también requieren de un mantenimiento mínimo. Para empezar, es necesario ejercitarla, por lo que, si estamos trabajando todo el día con el equipo conectado a la corriente eléctrica, es bueno realizar un par de descargas o tres a la semana de forma completa.

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Es más, si lo hiciéramos a diario, sería perfecto. Igualmente, debemos evitar extraer la batería y guardarla en el cajón durante largos periodos de tiempo, pues los elementos internos terminarán por perder su eficacia por falta de uso.

Paso 3. ¿Cuándo cambiar la batería?

La vida de una batería se mide en ciclos completos de carga y descarga, aunque no existe una relación directa entre su número y la capacidad para almacenar la energía para la que fue diseñada. Si nos basamos en nuestra experiencia, podemos encontrarnos con baterías con algunos cientos de ciclos de carga/descarga a sus espaldas que siguen funcionando decentemente bien y otras, relativamente nuevas y con unos pocos ciclos, cuyo funcionamiento es pésimo porque se ha hecho un mal uso de la misma.

En todo caso, cuando veamos que la autonomía del portátil (a igualdad de condiciones) se reduce de forma considerable respecto a cuando era nuevo, quizá nos interese sustituir la batería. Se trata de una pieza cara, que cuesta entre 100 y 300 euros, según modelo, por lo que hemos de valorar si merece o no la pena; puede que en portátiles más antiguos ni siquiera sea rentable.

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Para localizar el modelo que necesitamos, podemos recurrir al fabricante, aunque sus precios serán generalmente más caros, o visitar alguna de las tiendas on-line que se dedican casi en exclusiva a esta clase de repuestos. Entre ellas, a nosotros nos gusta por su seriedad y porque está en castellano Portátil Bat, que cuenta con un catálogo realmente extenso y con unos precios más que razonables.

Paso 4. El alimentador también existe

El alimentador de corriente o cargador es el gran olvidado del mundo de los portátiles y, sin embargo, es fundamental tratarlo bien (su mantenimiento es mínimo) en el uso diario si no queremos que se acabe deteriorando. Lo más importante es enrollar cuidadosamente los cables para guardarlo, sobre todo el que va hasta el portátil, que suele ser más fino.

Si los doblamos con una mala postura, la parte más débil del cable, la que sale del propio alimentador, terminará deteriorándose y estropeándose. Incluso puede que termine rompiéndose el recubrimiento plástico exterior y podamos ver el cableado metálico interior. Para evitarlo, nunca tiraremos de los cables a la hora de desconectarlo, sino del conector. Además, enrollaremos cada una de las partes de cable por separado y en forma circular (nunca alrededor del propio alimentador, aunque resulte más cómodo, pues el cable terminará deteriorándose a la salida del alimentador).

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Hay que tener en cuenta que, si el alimentador falla o se deteriora y tenemos que cambiarlo, no es un repuesto barato. Uno original del fabricante nos costará alrededor de 120 euros, mientras que uno genérico más voluminoso y, en ocasiones, menos eficaz, rondará los 60-70 euros.

CONTROL DE LA ENERGÍA DESDE WINDOWS 7

Paso 1. Perfiles de energía

En Windows Vista y 7, la gestión de la energía del portátil se realiza mediante los llamados perfiles o planes de energía. Si pinchamos sobre el icono de la batería que encontramos en el barra de tareas, junto al reloj, aparecerá un cuadro de información que, además de indicarnos el porcentaje de carga de la batería y su estado, nos mostrará el plan de energía en curso y nos permitirá cambiarlo.

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Por defecto, Windows incluye tres modos: Equilibrado, Economizador y Alto rendimiento, aunque muchos fabricantes personalizan los planes con nombres propios o ajustes específicos para su modelo. En todo caso, lo que hacen estos planes es unificar una serie de ajustes y criterios de uso del hardware del portátil (tiempo de apagado de pantalla y discos, periodo hasta la suspensión, consumo de CPU o gráfica, etc.) para lograr diferentes objetivos. Estos son básicamente la máxima potencia de proceso, aunque a costa de una mínima autonomía; la máxima autonomía, a costa de degradar las prestaciones de la máquina; o una mezcla entre ambos, que suele ser lo más razonable.

Paso 2. Planes a medida

Los planes vienen configurados por defecto en Windows, no obstante tenemos la posibilidad de personalizar hasta el detalle lo que nos interese o de crear otros nuevos en base a nuestras preferencias.

Para conseguirlo, haremos clic sobre el icono de la batería de la barra de tareas y pincharemos sobre Más opciones de energía. Aparecerá una ventana con los planes incluidos en Windows, que podremos modificar pinchando sobre Cambiar la configuración del plan. Tras ello, veremos los ajustes básicos del plan funcionando con batería o corriente, aunque, si buscamos algo más, basta con pinchar sobre Cambiar la configuración avanzada de energía para acceder a todos los parámetros imaginables (gestión del WiFi, USB, discos, gráficos, PCI o la CPU).

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Para crear un nuevo plan personalizado, pincharemos sobre Crear un plan de energía en la pantalla principal, tras lo que comenzará un asistente donde asignaremos un nombre personalizado y basaremos el nuevo plan en alguno de los ya existentes para después personalizarlo a nuestro gusto, según lo comentado en el párrafo anterior. También desde aquí podremos ajustar el brillo de la pantalla de manera manual.

Paso 3. Atenuación del brillo

Con el nuevo sistema operativo de Microsoft, Windows 7, podemos disfrutar de una característica que permite atenuar el brillo de la pantalla cuando el portátil lleva un tiempo sin ser usado. Se trata de un paso previo al apagado total de la misma, por lo que se sigue visualizando, aunque consume mucha menos energía. Los ajustes a esta característica se realizan desde Cambiar la configuración del plan que hemos mencionado en el punto anterior, dentro del apartado Atenuar la pantalla:.

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Paso 4. Congela el equipo

La hibernación y suspensión del equipo es algo natural y muy utilizado entre los usuarios de portátiles. Son modos que les ayudan a trabajar más rápido, pues evitan los clásicos tiempos de apagado y arranque de Windows, muy optimizados en Windows 7, pero que siguen siendo considerables en cuanto instalamos un antivirus y diversas utilidades del sistema. Además, con estas características, podemos recuperar la sesión dónde la dejamos, con los mismos documentos y aplicaciones con los que estábamos trabajando previamente.

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Si pinchamos sobre el botón de Inicio y pulsamos la flecha que esta junto a Apagar, veremos un menú con una serie de opciones entre las que está Suspender e Hibernar. La primera es la que permite apagados y arranques más rápidos, pues mantiene el contenido de la memoria RAM, alimentándola mientras el portátil está apagado. Por ello, consume una pequeña cantidad de energía que puede agotar la batería en uno o dos días, con lo que es una buena opción si cerramos el portátil para volver a trabajar en un espacio corto de tiempo.

La opción de Hibernar es algo más lenta (aunque más rápida que un apagado/encendido de Windows), pues vuelca el contenido de la memoria RAM al disco duro, recuperándolo más tarde. A cambio, logra apagar todo el hardware y reducir el consumo a cero, por lo que es ideal para periodos más largos entre uso y uso.

Paso 5. Cierre de la pantalla

Por defecto, Windows pone el portátil en suspensión al cerrar la pantalla, algo que podemos cambiar desde Inicio/Panel de control/Sistema y Seguridad/Opciones de energía/Elegir el comportamiento del cierre de la tapa. En esta opción, podemos configurar y elegir qué ocurrirá al bajar la pantalla mientras estamos conectados a la corriente eléctrica o funcionando con baterías.

Igualmente, será posible ajustar el comportamiento de los botones del equipo pudiendo, por ejemplo, decidir que el portátil hiberne cuando pulsemos el botón de encendido.

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Los portátiles consumen menos energía que los PCs

Frente a los clásicos ordenadores de sobremesa, los portátiles son equipos mucho más eficientes energéticamente hablando. Por ejemplo, según las cifras que maneja nuestro Laboratorio, un portátil puede consumir hasta cuatro veces menos energía que un PC de sobremesa medio con su pantalla y periféricos conectados. Hablando en cifras, si un PC de sobremesa con una configuración intermedia y pantalla TFT de 19” necesita entre 200 y 245 vatios de media, un portátil de última generación solo necesita unos 60 vatios para funcionar.

No obtendremos las mismas prestaciones, pues la configuración de un portátil, por lo general, suele ser inferior al de sobremesa. Sin embargo, la mejora experimentada por estos equipos en los últimos años hacen que sean capaces de desarrollar casi cualquier tipo de tarea para la mayoría de los usuarios. Por tanto, utilizar portátiles para nuestro trabajo diario (incluso haciéndolo siempre dentro de casa o la oficina), nos ayudará a ahorrar mucha energía.

Por ponerle cifras, si utilizamos un portátil de gama media (60 vatios/hora) durante unas dos horas diarias en vez de un sobremesa de gama similar (200 vatios/hora con TFT incluida), nos ahorraremos al año entre 12 y 15 euros en la factura eléctrica. Y ello, sin contabilizar los considerables consumos fantasma de la fuentes de alimentación de los PCs sobremesa, que probablemente ampliarían esta diferencia.